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miércoles, 10 de enero de 2018

ROMA (VISTA POR JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ) PARA LOS DEL VERBO "ALO"



Pero al mismo tiempo podemos, amor mío, pasear esta tarde
por Roma, podemos
apaciguar nuestros ojos en sus calles, en sus fachadas
en la alegría que aún no ha sido destruida.
JMA


No hay en la tierra nada comparable a esto. El alma se conmueve y se eleva; una  tranquila felicidad la invade por completo. Pero me parece que para estar a la altura de estas sensaciones hay que amar y conocer Roma desde hace mucho tiempo. Un joven que no ha conocido nunca la desgracia no las comprenderá nunca.

Lo decía Stendhal en 1829 en sus PASEOS POR ROMA. Y pronto entenderéis por qué.


miércoles, 9 de agosto de 2017

TODOS TENÍAN UN PAPEL



Cuando recuerdo aquellos días, una de las sensaciones más hondas que me invade es: qué poco nos controlaban. Teníamos que ir al colegio, sí, pero que vigilancia tan parca: pasábamos más tiempo fuera del letargo de sus aulas -curioseando, discutiendo, descubriendo el mundo, jugando, o en el Salón de Billar- que encerrados en ellas. Los profesores, en tantas ocasiones con «pasado» de librepensador, solían saber su asignatura; no precisaban exigir compostura y respeto en sus clases, eso era algo que la educación recibida en nuestras casas más el temor al castigo, de infringir la norma, daba por sentado. Se les temía y se les admiraba a veces, porque podían ser muy brillantes. Pero no “se metían” en tu vida. Enseñaban, y de no aprender, te suspendían, pero no recuerdo que las faltas de asistencia constituyesen un grave problema, como tampoco lo era la diversidad de caracteres, inclinaciones, dedicación al estudio o ineptitud para el mismo. Felizmente, no existían psicólogos. Y la estupidez que destilaban ciertos libros del programa, se compensaba con frecuencia por la inteligencia y la astucia del maestro; como la intransigencia y vileza de alguno de estos, la equilibraba nuestra absoluta coraza de vitalidad social.



Porque los niños teníamos mucho donde elegir. Convivíamos con todos los representantes de esa «fibra social». Conocíamos y frecuentábamos a gentes de lo más diverso, y sin que en ningún momento se nos hubiera llevado a pensar que fuesen «extraños» al mundo: tratábamos con compañeros de todas las categorías; se mezclaban todos los sueños, las ilusiones más diferentes... y las memorias familiares más encontradas. Teníamos amistad con putas, con delincuentes, con feriantes, con mandos militares, con tenderos, con pescadores, con ricos y con pobres. Todos tenían «su» sitio al sol; el virtuoso y el depravado, el listo y el tonto, el afortunado y el tocado por la desgracia, el vencedor de aquella guerra tan cercana y el derrotado. Y de todos aprendíamos. Era una España sórdida, triste, en muchos de sus hijos, atemorizada. Pero latía. Se escabullía de leyes y ordenaciones que no negaba con palabras, pero burlaba con sus actos. La Censura podía ejercer su grotesca protección de las costumbres, mas circulaban los libros prohibidos a la vista de todos y las editoriales publicaban a una altura cultural que hoy no podemos sino envidiar. Las putas estaban en las puertas de sus casas y en los bares, y los niños hablábamos con ellas con toda naturalidad y con no menor desenvoltura subíamos a sus habitaciones; ni ellas, ni las mujeres ya maduras que «iniciaban» a los adolescentes, ni los caballeros que tenían trato con jovencitas, ni estas ni nosotros imaginamos nunca estar violando ley alguna, salvo el perfume excitante del pecado, en quienes tuvieran creencias religiosas, que añadía encanto a las manipulaciones.

La nación podía flagelarse espiritualmente con patéticos Rosarios de la Aurora o Adoraciones Nocturnas, o amenazantes sermones, pero la misma penitente del alba bien podía, a la hora de la siesta, entregar sus suspiros al ansia de un mozalbete, o el venerable esposo de la iniciadora aprovechar la tarde de «trabajo en el despacho» para pasarla en un burdel. Los médicos fumaban y bebían y en algunas ocasiones eran morfinómanos conocidos; los curas tenían urgencias de hombre, y no era raro que supieran satisfacerlas, como el ascetismo de su Religión no solía quitarles el apetito.

Todo el mundo cumplía su papel. El borracho de la calle, era eso: el borracho de la calle; como el matrimonio que se llevaba mal; como el mariquita; como la «viciosa»; como el «calavera»; como el tonto o el loco: formaban parte de la sociedad. Mucha gente podía criticarlos, en ocasiones con dureza, pero no se negaba su existencia, nadie –salvo algún cretino– pretendía redimirlos, «curarlos», y quien lo urgía ese sí era objeto de la guasa general. La abyección de la moralina que constituía los principios sagrados del Franquismo, aliñados por el vinagre del Catolicismo al uso, no dejaba de ser un ciclorama ante el cual sucedía la vida de la sociedad, que si parecía acatar aquel código indigno –y, sobre todo, mezquino–, en verdad se esforzaba en lo que le daba la gana.


José María Álvarez
LOS DECORADOS DEL OLVIDO





lunes, 24 de abril de 2017

SOBRE EL AMOR



Para Esther, por si sirve.




[...] Y creo que es sumamente importante esta separación que Shakespeare parece establecer entre el amor tranquilo, sereno y con buen final -Montaigne-, y la pasión desbordante, que convierte en Dioses a los amantes, pero que también los mata. Y además, en esta división hay también otro ingrediente sumamente singular: ese amor sereno, esa conquista de la felicidad, es algo que le sucede a la gente, a mucha gente, que, al menos, está en las manos de cualquiera con inteligencia y cualidades. Pero el Amor-pasión, no. 

El Amor, con mayúscula, eso les sucede a muy pocos, pues muy pocos seres nacen bajo esa estrella fulgurante, muy pocos seres -hombre o mujer- nacen para convertirse en esa luz que ciega a todos como el más radiante sol. El amor sereno puede y debe buscarse, se elige, se logra. La pasión no se elige: nos toma, nos abraza, nos diviniza y nos mata. Son abismos que no perdonan, pero también son inolvidables, imperecederos. 

Pocos han sido los grandes amantes -esos cuya condición primordial es que enamoran a todos cuantos los contemplan-, pero han atravesado con su leyenda los tiempos y las más diversas formas de pensar y entender el mundo. Aun sabiendo el infierno de sus vidas, ¿quién no los ha envidiado alguna vez? Como si en el fondo de su paroxismo, como si el fuego de su holocausto fuera el culto supremo del más profundo de nuestros misterios.


José María Álvarez
Sobre Shakespeare


martes, 21 de marzo de 2017

YCTANIZ



Hace unas semanas hablábamos con MM una tarde (dichosa la tarde, dichosos los días aquellos) sobre la importancia de las bragas. No ya como prenda necesaria para algunas mujeres, sino como símbolo sexual. Le recordaba yo este poema de José María Álvarez y no sabía él si lo había leído o no. Estoy segura de que sí.

Éstas no están sobre una tumba, MM, pero podrían.



YCTANIZ



«Musafir “Huésped, visitante”—
El que viaja por medio de la reflexión mental (Fikr) sobre los inteligibles;lo cual es
entender las cosas invisibles a través de la analogía de las visibles (I’Tibar), de
modo que pueda cruzar (Abara) desde la orilla de este mundo a la otra»
IBN AL´ ARABÍ



sábado, 4 de marzo de 2017

LAWRENCE DE ARABIA


LAWRENCE DE ARABIA
LA CORONA DE ARENA


Acaso amo los desiertos porque abrasaron el sueño de Lawrence, dijo una vez el poeta. 

Desde aquella calurosa tarde -cuando llegó a él Rebelión en el desierto de la mano de su madre- Lawrence ha acompañado la vida de José María. Cuántas imágenes de aquellas cargas iluminan su memoria, como ahora ilumina la nuestra la lectura de La Corona de Arena. Es imposible ignorar en estas páginas el sonido de los hierros sangrientos, el resplandor del sol de fuego en el rostro de Lawrence, el vértigo de esas arenas. 

Pero, ¿quién era Lawrence? El hombre que soñó que bastaba -aunque fuese imposible- con la pasión arrasada de una Arabia donde los hombres no tenían otro código que el honor y la gloria. Y esa gloria es la del hombre libre: el sueño de libertad de aquel que mira con curiosidad, con admiración, con respeto, el mundo. 

Y Lawrence logró tocar ese viento con los dedos. Besó en la boca a ese sueño que -como el Arte- nos aparta de la mediocridad: la carne del Destino.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Nueva edición de MUSEO DE CERA de JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ




La semana pasada, en el Museo de Ramón Gaya de Murcia, mi querido Maestro presentó la última edición de su Museo de Cera (Renacimiento, 2016) junto a Joaquín Baños, que hizo una breve pero entretenida retrospectiva de las distintas ediciones de Museo desde aquel primer Libro de las nuevas herramientas. Fue una noche hermosa y un acto memorable, para qué mentir. Uno cuantos amigos, unos buenos versos, la Luna, el vino. No se podía pedir más.

viernes, 29 de abril de 2016

"Y entonces pensé en usted, Kavafis"


XXXVII

VEN AQUÍ, DIOSA CIPRIA, Y EN DORADAS
COPAS ESCANCIA DELICADAMENTE
NÉCTAR ENTREMEZCLADO DE ALEGRÍAS.

Eso canta Safo en la hermosa traducción de Aurora Luque.



Era una tarde de calor espeso.
Estaba yo bebiendo en paz en el S. Andrea
cuando en la escalinata que conduce al Duomo
vi sentados a un chico y una chica.
Qué resplandor de juventud.
Una belleza más allá de la belleza. Se
besaban.

jueves, 17 de marzo de 2016

DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA


El Poeta.

Sin más.




"¿Quién es más «yo»? ¿El condenado a la fascinación de las mujeres? ¿El que mira extasiado Las Meninas o Venezia? ¿El que tiembla ante la belleza de la música de Mozart? ¿El que siente un misterioso placer al sentirse destruyéndose? ¿El Álvarez de París o el de Villa Gracia? ¿El que en cierta madrugada de esa Villa Gracia tocó el fondo del horror? ¿El que hoy se pudre aborreciendo su memoria? ¿El niño cuyos ojos se abrasaban ante las hazañas de John Silver o del Capitán Nemo? ¿El hombre que ha visto el suicidio de tantas de sus noches en las páginas de Museo de Cera? ¿El que habría dado toda su vida por escribir aunque fuese parte de Macbeth? ¿El imbécil que ha creído cumplir un destino? ¿El que se droga con la insensibilidad?

Hay uno al que siento cerca: aquel niño que leía boca abajo en su cama las resplandecientes aventuras de Nemo y de Ahab y que hoy, ya por fin un zombi, pero aún con una especie de grieta en el alma abierta a la Poesía, se conmueve con ciertos versos.
Pero hay otro. Otro por el que siento una vidriosa mixtura de amor y comprensión, y de respeto: este que hoy tiene en una mano su revólver y en la otra este pedazo de carne caliente, y que sabe que da igual volarse la cabeza o apretar ese pedazo de carne con su mano y moverla hasta sentir un latigazo en las tripas de placer y de desesperación."


De Los decorados del olvido.





Sosegada mansión de la grandeza
Diego de Torres y Villarroel

¿Será que de este sueño se recuerde?
Epístola moral a Fabio

Todo pasa y lo que ven tus ojos despiertos es como sueños
 Mutanabbi


Gracias quiero dar al sagrado
Azar, o al Libro donde todo estaba escrito,
Que forman este singular Universo,
Por la razón, que no cesará de soñar,
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
Por el amor que nos deja ver a ciertos seres
Cono si fueran dioses,
Por Monteverdi y la esmeralda de Góngora,
Por el París de mi juventud,
Por las amargas monedas de Villon,
Por Shakespeare
que acaso fijó el Universo,
Por el fulgor del fuego
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
Por la caoba, el vino y las rosas,
Por la sensibilidad de mi cuerpo,
Por la palabra divina de Juan de la Cruz,
Por ciertas vísperas y días de 1975,
Por los caballeros que junto a Lee
Dieron gloria a una fecha ante Richmond,
Por los días y noches de Istambul,
Por el arte de la amistad,
Por los últimos días de Hölderlin,
Por Montaigne, por Quevedo, por los cuadros de Velázquez,
Por aquel sueño oriental que soñó
Mil noches y una noche
Y por aquel otro sueño helado de Baudelaire,
Por las palabras de Tácito y Suetonio,
Por los films de Renoir, de Ford, de Walsh, de Greta Garbo,
Por Mozart,
Que hablaba con los ángeles en las calles de Viena,
por los ríos secretos e inmemoriales
Que convergen en mí,
Por las lenguas que he hablado y las vidas que he
Vivido o que quizá esté viviendo,
Por el mar que es la más grande y libre Aventura
Y el espejo más noble de nuestros sueños,
Por el oro abolido de Kavafis,
Por Joseph Haydn, por las páginas de Lampedusa.
Por el idioma de Inglaterra y el idioma de España,
Por el destino que aún relumbra en los versos de Virgilio,
Por las estaciones del año, por Roma, por Venezia,
Por los libros y los cuadros y la música
que conozco y amo y también por los muchos que ignoro,
Por Stendhal, por Chopin, por Beethoven,
Por los ojos de alguna mujer, por la Luna,
Por la vida que antiguas minorías consagraron como Arte,
Por las rayas del tigre,
Por la Universidad de Cambridge,
Por el cielo estrellado que contempla impasible nuestra suerte,
Por Flaubert y las joyas de Li Po y de Mutanabbi,
Por los españoles que sirvieron con lealtad a Roma,
Por los fondos de cristal de Verne,
Por el honor y la gloria de Manrique,
Por los árboles, por la prosa de Stevenson, por Lester Young,
Por el olvido, que anula o modifica el pasado,
Por la costumbre
Que nos repite y nos confirma como un espejo,
Por Mizogushi, por Borges, por Melville, por Welles, por Khayyam, por Hayek,
 
Vastos como la alta noche, su equilibrio y su astronomía,
Por el valor que el hombre ha demostrado
En ciertas cargas a caballo, ciertas navegaciones,
Por Swuift, Tolstoi, los cuadros de Rousseau, las canciones de Billie Holiday,
 
Por la patria, que yo he sentido lejos de la que debiera
Ser la mía, pero también a veces en algún paisaje
Del puerto que me vio nacer,
Por Cervantes, por Hume y Johann S. Bach
Por el hecho de que la Poesía es infinita
Y se confunde con la suma de las criaturas
Y no llegará jamás al último verso
Y varía según los hombres,
Por el ejemplo de orgullo de mi abuela en su muerte,
Por la luz de la lámpara de mi cama
Donde navega la Hispaniola, muere Cleopatra, Medea mata,
Por Rembrandt, por la paz de mi sueño,
Por haber aceptado la vida y la muerte,
Por mi vida, la más misteriosa forma del tiempo.


*Al llegar a esta página, el lector imaginará sorprendentes semejanzas con un poema de Borges. No indague vanas resonancias. Considerando la acordanza de nuestras devociones, he preferido a los vericuetos de la imitación la brillantez del plagio, modificando tan solo allí donde diferían las lealtades. Son cosas que suceden, precisamente, en las mejores familias.


De Museo de cera, Renacimiento, 2002.

  

*Y toda su poesía aquí.






martes, 9 de febrero de 2016

SEEK TO KNOW NO MORE de José María Álvarez


NO QUIERAS SABER MÁS


Seek to know no more, dicen las Fatídicas. A lo que un Macbeth enloquecido, que recuerda al mismo Edipo ante el oráculo, responde: Quedaré satisfecho: negadme esto y una eterna maldición caerá sobre vosotras. ¡Dejadme saber!

No quieras saber más. José María no podía haber elegido un título mejor para esta última entrega de su poesía (porque esperamos sus poemarios como lo hacen los fans de Star Wars: ansiosos y absolutamente devotos). Un título que no sólo manifiesta su pasión por Shakespeare, sino que ya adelanta esa rotundidad que tiene todo el poemario desde el primer verso hasta el último.

La primera vez que leí -del tirón- Seek to know no more, recuerdo que llamé inmediatamente al Maestro y le dije lo que quizá creo que más define este libro: Metes caña. Y es que, si uno sigue la obra de Álvarez, reconoce pronto ese punto de independencia y libertad revolucionarias. Bien en cierto que ese toque inconformista que leemos aquí aparece en muchas ocasiones (también en su prosa), pero aquí hay un aire rebelde (no contra el mundo en sí; la idea es más compleja) que está mucho más patente, menos velado que en poemarios anteriores.

sábado, 9 de enero de 2016

De LA ESCLAVA INSTRUIDA



Hace unos días me acordé mucho de ti. Porque estuve cenando con unos amigos y salió un tema sobre el que hemos conversado a veces: esa exaltación que el hombre puede sentir en batallas, en aquellas antiguas cargas a caballo, o hasta hoy, en cualquier situación en que la vida le haga sentir que está participando en algo acaso inolvidable. ¿Sabes? Me di cuenta de que lo que ya es difícilmente concebible es precisamente esa emoción. Supongo que nuestro tiempo la ha substituido por otras, “sin”, ruines.

Hay miedo, aturde lo que por excepcional, diferencia. No es raro en un rebaño cada día más dócil, más sutilmente amaestrado. Al fin y al cabo de esa mansedumbre viven los indeseables. Pero que tres amigos, a quienes yo consideraba muy ajenos a ese deplorable sometimiento, expresaran ideas tan baratas me preocupó (…) Que una civilización execrable y moribunda cuente entre los achaques de su cobardía, el menosprecio por lo que un hombre puede sentir en una situación de esas que cierto filme fijaba diciendo: “Abra usted bien los ojos, porque se seguirá hablando de este día mucho después de que usted y yo y nuestros hijos y los hijos de nuestro hijos hayan muerto. ¿Y quiere que le diga algo? Me emociona vivir ese día”, y que esa vileza hubiese alcanzado a unos amigos (de los que tenías sobradas pruebas de inteligencia), aparte de disminuir el gozo de aquella sobremesa ante un magnífico Oporto –esa suntuosa joya del silencio como decía Luján (cuánto te gustaba esa frase)-, me llevó a sombrías reflexiones sobre el estrechamiento del cerco por parte de los cretinos. Si hubieras estado presente –tienes menos paciencia que yo-, hubieras acabado la conversación con uno de tus “Esto es aburrido, que es lo peor que algo puede ser”.  Traté al principio de razonar, pero vi que era inútil (…)



Me despedí con tristeza. Te eché mucho de menos. Cogí el coche y me fui a la playa. Desayuné contemplando la belleza de las aguas. Recordé algo que tú me habías dicho: “Es el mismo problema que el arte o el amor y, si me apuras, que la elección de un vestido, o tú de una corbata: se trata de sentir en la piel lo que nos hace memorables”. 

Sí, era lo mismo que alguien dijo en el alcázar del Victory en el corazón de una batalla: “Esto es el Infierno, caballeros. Pero por nada del mundo quisiera estar ahora en otro sitio”. Pues esa sensación que tú decías, en la piel, ese mismo roce del viento de la vida, es lo que yo sentía cuando estábamos juntos en la cama. Pero no sólo en la cama: la sentía cuando te miraba moverte, vivir, reír. La sensación de estar vivo, de que todo cuanto soy se estremecía en ese vértigo de amor y placer.


José María Álvarez



























lunes, 19 de octubre de 2015

POESÍAS de Lautréamont.


El fenómeno pasa. Busco las leyes.
Ducasse

Contra lo lento y cotidiano, la exploración.
Bunbury




Conocí a Isidore Ducasse, el Conde de Lautréamont, a partir del penúltimo capítulo del DESOLADA GRANDEZA de José María Álvarez. Comentaba el poeta al final de su particular biografía (que no hace sino provocar la curiosidad por este autor que nos dejó tan prematuramente):

“La leyenda de su final, aunque discutida por la crítica más rigurosa, fue aportada por su editor, Lacroix, quien creyó reconocer al poeta en un cadáver aparecido en las barricadas de Montmartre durante los combates de Noviembre de 1870. Y por la dueña de la habitación de un obscuro tranviario, que después de varias semanas sin verlo, forzó la puerta con la policía. Sólo había una cama, una muda, dos pistolas y un par de gafas. Y sobre la pared, con letras incendiadas, una frase: TODAS LAS LIBERTADES SON SOLIDARIAS.”



Y ahora llega a mis manos esta exquisita edición de sus POESÍAS de Renacimiento. Gracias, JM, por el regalo. Sí: es hora de reaccionar ya contra lo que nos lastima y nos doblega tan soberanamente.





            Las perturbaciones, las ansiedades, las depravaciones, la muerte, las excepciones en el orden físico o moral, el espíritu de negación, los embrutecimientos, las alucinaciones servidas por la voluntad, los tormentos, la destrucción, los trastornos, las lágrimas, las insaciabilidades, los servilismos, las imaginaciones penetrantes, las novelas, lo inesperado, lo que no hay que hacer, las singularidades químicas del buitre misterioso que acecha la carroña de alguna ilusión muerta, las experiencias precoces y abortadas, las oscuridades con caparazón de chinche, la monomanía terrible del orgullo, la inoculación de los estupores profundos, las oraciones fúnebres, las envidias, las traiciones, las tiranías, las impiedades, las irritaciones, las acrimonias, los despropósitos agresivos, la demencia, el spleen, los espantos razonados, las inquietudes extrañas que el lector preferiría no sentir, las muecas, las neurosis, las hileras sangrantes por las cuales se hace pasar la lógica acorralada, las exageraciones, la ausencia de sinceridad, las burlas, las vulgaridades, lo sombrío, lo lúgubre, los partos peores que los crímenes, las pasiones, el clan de los novelistas de tribunales, las tragedias, las odas, los melodramas, los extremos presentados a perpetuidad, la razón impunemente silbada, los olores de los cobardes, las desazones, las ranas, los pulpos, los tiburones, el simún del desierto, lo sonámbulo, turbio, nocturno, somnífero, noctámbulo, viscoso, foca parlante, equívoco, tuberculoso, espasmodico, afrodisiaco, anémico, tuerto, hermafrodita, bastardo, albino, pederasta, fenómeno de acuario y mujer bar-buda, las horas borrachas de desencanto taciturno, las fantasías, las acritudes, los monstruos, los silogismos desmoralizadores, las basuras, lo que no reflexiona como el niño, la desolación, el manzanillo intelectual, los chancros perfumados, las nalgas con camelias, la culpabilidad de un escritor que rueda por la pendiente de la nada y se desprecia a sí mismo con gritos alegres, los remordimientos, las hipocresías, las perspectivas vagas que os trituran con sus engranajes imperceptibles, los serios escupitajos sobre los axiomas sagrados, los piojos y sus cosquilleos insinuantes, los prefacios insensatos, como los de Cromwell, la señorita de Maum y de Dumas hijo, las caducidades, las impotencias, las blasfemias, las asfixias, los ahogos, las rabias ante esos osarios inmundos que hacen que enrojezca al nombrarlos, es hora de reaccionar ya contra lo que nos lastima y nos doblega tan soberanamente.


Isidore Ducasse






viernes, 25 de septiembre de 2015

Un poema de Soren Peñalver.




AL MARGEN DE LA DERNIÈRE INNOCENCE



A José María Álvarez.


De niños, ateridos y a merced del insomnio,
tizoneábamos dichosos, esperando que la noche,
fría y hermosa, nos traería sueños húmedos.
En el Cabaret L´Enfer, admitidos por Mefistófeles,
bebimos cuanto se nos antojó, con Jim Morrison,
Amy Winehouse y Arthur Rimbaud, enjugascaos
con la misma Hécate... Por las calles desiertas
fuimos luego, abrazados y cantando ebrios,
con nuestros capotes de nieve, bajo los cielos
oscuros; apuntando a lo alto y muy lejos
el chorro humeante de nuestros meados.


Soren Peñalver



sábado, 12 de septiembre de 2015

SEEK TO KNOW NO MORE (José María Álvarez).


Un poema de José María Álvarez, de su próximo poemario SEEK TO KNOW NO MORE.

Gracias, JM.




XXXIX

Bueno… ya lo dijo Kepler: MEDÍ LOS CIELOS, AHORA
MIDO LAS SOMBRAS.
Como Edith Piaf, la inolvidable Edith Piaf, NON, JE
NE REGRETTE RIEN.



… sí, cómo
se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando.

El viento, que esta noche
azota los muros de tu
casa, es como si te advirtiera
de algo.
     Pero qué importa.
Para bien o para mal
tu vida está trazada. Tus errores, pagados.
Y ese algo que te lleva
a inclinarte, esa brasa,
ante le vide papier.
Has aceptado
no ya tu muerte, sino la de todo
lo que has amado, lo que reconocías y respetabas.
Y ahí sigues, sin haber sido
vencido.
Y contemplas el frío de las estrellas
y sabes que ellas también, como tú,
desaparecerán.
Tu soledad se hace de piedra.
Tu vida busca en ese requiem
que es una
recompensa, pero que tampoco puedes
ya
compartir.
Recuerdas lo de Yeats: The rattle of pebbles
on the shore
under the receding wave.
Ese sonar de las guijas en la playa…
Has aceptado lo que eres:
una perla,
ese final extraordinario, refinado; y como ella
sin explicación.
Brilla mientras desaparece.

Ese único brillo comparable
al del sol cuando se pone.

Puedes decir como Spender
en el poema a Hölderlin: Qué extraño
que al atardecer
cuando las sombras se alargan como heno cortado
me regocije en mi locura y mi espíritu cante
ardiendo intensamente en el centro de un firmamento frío.




Foto: Joaquín Baños.