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lunes, 19 de febrero de 2018

EL DOLOR DE LA LUCIDEZ



El año que viene casi todos ustedes serán profesores. De Literatura no saben demasiado, pero lo suficiente para empezar a enseñar. No es eso lo que me preocupa; me preocupa que tengan siempre presente que“enseñar” quiere decir mostrar.

jueves, 23 de noviembre de 2017

LA GUERRA NO ES SÓLO BATALLAR (Thomas Hobbes)


DE LA "CONDICIÓN NATURAL" DEL GÉNERO HUMANO 
EN LO QUE CONCIERNE A SU FELICIDAD 
Y A SU MISERIA*


Hombres iguales por naturaleza. La Naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en las facultades del cuerpo y del espíritu que, si bien un hombre es, a veces, evidentemente, más fuerte de cuerpo o más sagaz de entendimiento que otro, cuando se considera en conjunto, la diferencia entre hombre y hombre no es tan importante que uno pueda reclamar, a base de ella, para sí mismo, un beneficio cualquiera al que otro no pueda aspirar como él. En efecto, por lo que respecta a la fuerza corporal, el más débil tiene bastante fuerza para matar al más fuerte, ya sea mediante secretas maquinaciones o confederándose con otro que se halle en el mismo peligro que él se encuentra. En cuanto a las facultades mentales (si se prescinde de las artes fundadas sobre las palabras, y, en particular, de la destreza en actuar según reglas generales e infalibles, lo que se llama ciencia, arte que pocos tienen, y aun éstos en muy pocas cosas, ya que no se trata de una facultad innata, o nacida con nosotros, ni alcanzada, como la prudencia, mientras perseguimos algo distinto) yo encuentro aún una igualdad más grande, entre los hombres, que en lo referente a la fuerza.

martes, 19 de septiembre de 2017

LAS HORMIGAS ENLOQUECEN



El músico catalán posee el aura de los que han sido tocados con la suerte de la creación. 

Esto lo decía el periodista Daniel J. Rodríguez en una entrevista que le hacía a Carlos Ann en la Navidad de 2014 durante su primera visita a Murcia. Recuerdo aquel fin de semana con mucha alegría, créanme, ya no sólo por el concierto que nos regaló, sino por todos los momentos que pudimos pasar con Carlos, y que guardo como un tesoro en el cajón de la dicha.



sábado, 2 de septiembre de 2017

EL DINERO

Pasta, metálico, capital, tela, guita, efectivo, plata, billetes, fondos, pavos. 

Dinero. 

Lo que separa el ser del no ser. Pero ¿qué es el dinero?

miércoles, 9 de agosto de 2017

TODOS TENÍAN UN PAPEL



Cuando recuerdo aquellos días, una de las sensaciones más hondas que me invade es: qué poco nos controlaban. Teníamos que ir al colegio, sí, pero que vigilancia tan parca: pasábamos más tiempo fuera del letargo de sus aulas -curioseando, discutiendo, descubriendo el mundo, jugando, o en el Salón de Billar- que encerrados en ellas. Los profesores, en tantas ocasiones con «pasado» de librepensador, solían saber su asignatura; no precisaban exigir compostura y respeto en sus clases, eso era algo que la educación recibida en nuestras casas más el temor al castigo, de infringir la norma, daba por sentado. Se les temía y se les admiraba a veces, porque podían ser muy brillantes. Pero no “se metían” en tu vida. Enseñaban, y de no aprender, te suspendían, pero no recuerdo que las faltas de asistencia constituyesen un grave problema, como tampoco lo era la diversidad de caracteres, inclinaciones, dedicación al estudio o ineptitud para el mismo. Felizmente, no existían psicólogos. Y la estupidez que destilaban ciertos libros del programa, se compensaba con frecuencia por la inteligencia y la astucia del maestro; como la intransigencia y vileza de alguno de estos, la equilibraba nuestra absoluta coraza de vitalidad social.



Porque los niños teníamos mucho donde elegir. Convivíamos con todos los representantes de esa «fibra social». Conocíamos y frecuentábamos a gentes de lo más diverso, y sin que en ningún momento se nos hubiera llevado a pensar que fuesen «extraños» al mundo: tratábamos con compañeros de todas las categorías; se mezclaban todos los sueños, las ilusiones más diferentes... y las memorias familiares más encontradas. Teníamos amistad con putas, con delincuentes, con feriantes, con mandos militares, con tenderos, con pescadores, con ricos y con pobres. Todos tenían «su» sitio al sol; el virtuoso y el depravado, el listo y el tonto, el afortunado y el tocado por la desgracia, el vencedor de aquella guerra tan cercana y el derrotado. Y de todos aprendíamos. Era una España sórdida, triste, en muchos de sus hijos, atemorizada. Pero latía. Se escabullía de leyes y ordenaciones que no negaba con palabras, pero burlaba con sus actos. La Censura podía ejercer su grotesca protección de las costumbres, mas circulaban los libros prohibidos a la vista de todos y las editoriales publicaban a una altura cultural que hoy no podemos sino envidiar. Las putas estaban en las puertas de sus casas y en los bares, y los niños hablábamos con ellas con toda naturalidad y con no menor desenvoltura subíamos a sus habitaciones; ni ellas, ni las mujeres ya maduras que «iniciaban» a los adolescentes, ni los caballeros que tenían trato con jovencitas, ni estas ni nosotros imaginamos nunca estar violando ley alguna, salvo el perfume excitante del pecado, en quienes tuvieran creencias religiosas, que añadía encanto a las manipulaciones.

La nación podía flagelarse espiritualmente con patéticos Rosarios de la Aurora o Adoraciones Nocturnas, o amenazantes sermones, pero la misma penitente del alba bien podía, a la hora de la siesta, entregar sus suspiros al ansia de un mozalbete, o el venerable esposo de la iniciadora aprovechar la tarde de «trabajo en el despacho» para pasarla en un burdel. Los médicos fumaban y bebían y en algunas ocasiones eran morfinómanos conocidos; los curas tenían urgencias de hombre, y no era raro que supieran satisfacerlas, como el ascetismo de su Religión no solía quitarles el apetito.

Todo el mundo cumplía su papel. El borracho de la calle, era eso: el borracho de la calle; como el matrimonio que se llevaba mal; como el mariquita; como la «viciosa»; como el «calavera»; como el tonto o el loco: formaban parte de la sociedad. Mucha gente podía criticarlos, en ocasiones con dureza, pero no se negaba su existencia, nadie –salvo algún cretino– pretendía redimirlos, «curarlos», y quien lo urgía ese sí era objeto de la guasa general. La abyección de la moralina que constituía los principios sagrados del Franquismo, aliñados por el vinagre del Catolicismo al uso, no dejaba de ser un ciclorama ante el cual sucedía la vida de la sociedad, que si parecía acatar aquel código indigno –y, sobre todo, mezquino–, en verdad se esforzaba en lo que le daba la gana.


José María Álvarez
LOS DECORADOS DEL OLVIDO





lunes, 17 de julio de 2017

MENTES LIBRES



El anhelo de todo hombre libre, de quienes -como decía Montaigne- tienen los
ojos mas grandes que el vientre y más curiosidad que poder.

J.M.A.


Me he subido a mi mesa para recordarme que debemos mirar constantemente las cosas de un modo diferente. El mundo se ve distinto desde aquí arriba. Si no me creen, vengan a comprobarlo. Vamos, vengan. Cuando ustedes crean que saben algo, deben mirarlo de un modo distinto. Aunque pueda parecer tonto, o equivocado. Deben intentarlo. Cuando lean, no consideren sólo lo que piensa el autor. Consideren lo que piensan ustedes. Muchachos, deben luchar por encontrar su propia voz. Y cuanto más tarden en empezar, tienen menos probabilidades de encontrarla. Muchos hombres viven en una silenciosa desesperación. No se resignen a eso; escapen. No se limiten a saltar como conejos; miren a su alrededor. Atrévanse a cambiar y buscar nuevos campos.


Dead Poets Society (1989)





*Para A., que puto sabe de qué trata la cuestión.


viernes, 27 de enero de 2017

"Lo que se denomina pecado es un elemento esencial del progreso"




En un momento dado de la conversación entre Ernest y Gilbert en EL CRÍTICO COMO ARTISTA de Oscar Wilde, Gilbert dice lo siguiente:


Si viviéramos lo suficiente para ver las consecuencias de nuestras actuaciones, podría suceder que los que se llaman buenos se vieran afligidos por un pesado remordimiento, y que los tachados de malos por el mundo gozarían de una noble alegría. Cada pequeña cosa que hacemos pasa después a la gran máquina de la vida que puede moler nuestras virtudes en inútil polvo o transformar nuestros pecados en elementos de una nueva civilización más maravillosa que ninguna de las precedentes.

Pero los hombres son esclavos de las palabras. Se alzan iracundos contra el materialismo, como ellos lo llaman, olvidando que no ha habido progreso material que no haya espiritualizado al mundo, y que ha habido muy pocos, si los hubo, despertares espirituales que no hayan malgastado las facultades del mundo en estériles esperanzas en aspiraciones infecundas y en creencias vacías y entorpecedoras. Lo que se denomina pecado es un elemento esencial del progreso. Sin él, el mundo se estancaría, perdería la juventud y el colorido. Con su curiosidad, el pecado aumenta la experiencia de la raza. Al intensificar el individualismo nos salva de la monotonía del "tipo". Su repulsa de las nociones corrientes sobre la moralidad le hace poseer la más elevada moral.



¿Es el pecado el origen del progreso? ¿Nos acerca al avance de la raza más de lo que creemos? ¿Sin el pecado hay ese estancamiento del que habla Gilbert? Una pregunta que llevo haciéndome días y de la que no tengo clara la respuesta. 

Pero mientras tanto, pequemos, por si acaso...




jueves, 15 de diciembre de 2016

LOS ANIMALES BUSCAN EL ORO


LOS ANIMALES BUSCAN EL ORO


A los de aquella noche de buena suerte.


Iba el otro día escuchando en la radio (ah, benditas horas de soledad en el coche, donde tu único compañero es el cigarro) un programa donde hablaban sobre el carisma. También del autoestima, la madurez y la autonomía. Quitando un par de soberanas estupideces que dijo el psicólogo de turno sobre la etimología de “auto” (si no sabes, no te metas a torear, que luego estas cosas quedan grabadas en los podcast y nos podemos arrepentir de lo que decimos…), por lo general era bastante interesante lo que allí se decía. Y más que interesante era agradable de oír ese sentido común que los interlocutores desprendían, cada vez más inusual (el sentido común, digo). Y hablaban de que hoy en día el carisma está muy asociado -especialmente entre los jóvenes y los claramente más débiles en cuanto a autoestima- al tema de las redes sociales. Los MEGUSTA, los comentarios a las fotos, las veces compartido, los “yo te sigo-tú me sigues”…, toda esa mentira que vivimos en las redes y que nos hacen sentir más “carismáticos” (véase, si se quiere, el primer capítulo de la tercera temporada de BLACK MIRROR).

martes, 30 de agosto de 2016

LO HUMANO DEL CINE


Me gustan las fotos de rodajes.

Tienen algo de voyeur, como cuando tus padres se besaban pensando que nadie los veía y eras testigo de "eso" que no entendías. Toda la historia que había detrás y que no conocías.

Me gusta ver así a los actores. Me gusta ver sus caras fuera de escena. Se humanizan. 

Son escenas casi tan mágicas como las de la película. Porque a veces la magia no es sólo el resultado, sino el proceso. 

Ese Bowie que sonríe, muy cómplice, a Connelly. Ese Jeremy que observa casi con miedo a la pequeña Lo. La risa estridente de Ford o la aridez de Pacino. La aparente torpeza de Murray. La intimidad entre Tarantino y Uma. 

Me gusta verlos así. Torpes, riendo, concentrados. Recibiendo órdenes. Cansados. 

Porque lo que hay detrás también es importante, aunque no lo veamos.



miércoles, 6 de abril de 2016

AUNQUE NO NOS GUSTE


Es curioso cómo la música nos transporta al pasado. No sólo cómo nos recuerda a esta o aquella persona, sino cómo realmente nos lleva meses, años atrás con sólo dos acordes.

Esto lo he pensado (claro, como todos) mil veces, pero ha sido hoy cuando de repente he empezado a hacer un elenco rápido en la cabeza de esas canciones que actúan como máquinas del tiempo. No son canciones especialmente importantes para uno, ojo: no es la SIRENA VARADA o SPACE ODDITY. No son ni siquiera tus cantantes favoritos, ni siquiera el estilo que prefieres.

Andaba yo haciendo faena por casa, lidiando con mis perrillos, al son de un viejo aparato de JB (que uso sobre todo porque me recuerda a él; ya ven: soy una romántica) y ha sonado ESA canción. Una canción que sé que a PC, cuando la oye, la lleva al mismo sitio: al año 95, quizá, o como mucho inicios del 96. La canción es Ironic, de Alanis Morissette, y estábamos sentadas las dos en las escaleras del centro juvenil; comenzó a sonar como un eco lejano, ¡pero bien la distinguimos! Corrimos al encuentro de la música; todavía nos recuerdo emocionadas porque sonaba aquellos y nos llamaba con urgencia. Era una época feliz, de adolescentes locos que fumaban a escondidas Fortuna y jugaban a quitarse novios (o a compartirlos, ¿no, PC?). Es esa canción y no otra la que me lleva a esos meses de encuentros con los amigos, a cervezas que me repugnaban, a notitas de amor, a jugar a ser mayores quedando aún mucho.

Agila. Verano del 96. Pensaba que había descubierto la pólvora. Ella llevaba unas botas verdes muy modernas, era delgada, pero tenía una boca asombrosa. Era un poco punk, pero sólo tengo recuerdos difusos. Esa tarde no: esa tarde, ese momento, lo tengo nítido. Me puso aquello en su casa, vestida de vaqueros viejos y una chaqueta de una talla bastante más grande: Buscando una luna. Y vuelvo cada vez que la oigo a aquella tarde, a esa muchacha que nos parecía tan moderna con sus botas verdes y sus brazos escondidos tras la tela. ¿Qué habrá sido de ella?

O Zombi, que me trae a Burbuja increíblemente pequeña, con apenas tres años, cantando como una loca la canción sin entender ni una palabra. Tenía siempre la cara manchada y solía salir con el culo al aire a la calle, pero esa tarde estaba sentada frente a mí, y cantaba con los 40 Principales aquel tema de Dolores. O cuando en 2008 sonaba a todas horas El secreto de las tortugas, y a mí no me decía nada aquella canción, pero íbamos Cactus y yo locas hacia la playa a cenar en la puesta de sol. Llevábamos ensalada y algo de fruta, y el sol era rojo como los atardeceres de verano en el Mar Menor, y éramos libres, y ella llevaba una camiseta azul. Justo ese momento viene a mí como el más reciente de todos cuando oigo esa canción.


Dicen que la música amansa a las fieras, pero -como los olores- es capaz de llevarnos a esos lugares y tiempos que creíamos haber olvidado. No son canciones que te hacen vibrar, que pondrías en bucle una y otra y otra vez en tu viejo Córdoba cuando sales del trabajo, ni la incluyes en una recopilación para viajar por Turquía. Pero sí: tienen esa curiosa capacidad del retrospected que a veces nos sorprende y nos recuerda que somos lo que somos también por lo que hemos oído.  

Sigamos siempre creando recuerdos a través de la música.*






*Aunque no nos guste Sabina.


domingo, 11 de octubre de 2015

La nostalgia (o un Polo rojo de tres puertas).


Después me subo a tu coche 
y dejo pasar la vida.
Ariel Rot




Hablando la otra noche sobre poesía con D y L después de un (muy buen) recital, nos pegábamos unas risas sobre la supuesta nostalgia que un poeta joven puede sentir.      
N O S T A L G I A (nótese la importancia de la palabra).

¿Qué nostalgia puede sentir una persona de veintiún años? Y, entre risas, llegábamos a la conclusión, al final, de que sí: de que -a su manera- hay nostalgia a esa edad. Una nostalgia distinta, adolescente si queremos llamarla así. Una nostalgia que luego ya no se siente, una nostalgia básica quizá. Pero sí: existe. Pensemos en cuando teníamos veintiún años, o diecisiete, o incluso quince. La nostalgia está, aunque muchas veces no sabíamos de dónde venía ni por qué.

Y entonces me pasó al día siguiente algo extraño, algo que hacía tiempo que no sentía, algo que reconocí enseguida: me asaltó la nostalgia en un cruce. Mientras esperaba el verde del semáforo (y con aquella canción "nuestra" sonando ya viejuna en la radio), vi pasar -en un segundo casi, como un destello- un Polo rojo. Y me acordé entonces de mi querido primer coche, y entonces sentí  eso que llamamos nostalgia. Adolescente, básica, "cutre", sí, pero era nostalgia.

¿Recuerdas?

Las noches en "la cresta del gallo"; los pistachos y poemas los sábados por la mañana; las colas en el Mercadona para escapar de la ciudad los días de fiesta y cargar el maletero cuanto antes; la música reventando nuestros oídos; o la manera en que, Cactus, decías "ser el chico malo" de aquella canción de Ariel Rot; cómo imitaba yo tocar el piano sobre el volante, y si no lo hacía, te extrañabas; apurando en las curvas, perdíamos la gravedad y me reñías; o cuando pasábamos las tardes en Las Salinas cenando ante la caída del sol; o la lluvia sobre el techo chillando; o reventar la rueda y no atinar a llamar al seguro, y gritarte SOS desde una cabina para que vinieras a rescatarnos a mí y a mi Polo rojo; o la esterilla del yoga donde te dormiste en el concierto de Héroes del Silencio, aún extasiadas de la música; tú durmiendo en él para esperarme los miércoles. La Libertad en chapa roja. 

A veces la nostalgia es eso.

Ese pequeño Polo rojo de tres puertas. Ese Polo rojo que nos llevó al fin del mundo durante algo más de un año. Ese Polo rojo que es -y qué fácil se reconoce- la nostalgia de entonces.







jueves, 8 de octubre de 2015

Algunos apuntes sobre poesía (Alejandro Duque Amusco).




Lo importante no es quien lo dice, sino lo que dice. Pero en este caso, la boca es de mi querido Alejandro, que tanto me enseña.

Él lo diría mejor:

Quien escribe es solo un depositario provisional de lo que escribió; el propietario, de verdad, es siempre el lector, destino final de toda escritura. 

Unas cuantas ideas que creo interesantes para reflexionar acerca de la creación poética. Gracias, Alejandro.



7 JULIO 2014

Esto es, querida Noelia, todo cuanto puedo decirte después de haberme leído las dos colecciones que me mandaste. Recuerda (a mí no se me olvida nunca) lo que decía Cernuda sobre aconsejar a los jóvenes: el poeta mayor ya tiene bastante con reconocer sus propios errores, y ha de dejar que el joven -esto lo añado yo- descubra y vaya recorriendo su propio camino. La pasión que pones en tu obra te llevará muy lejos. (…)

Me decías en tu carta que ahora llevabas un tiempo sin escribir. Es duro, pero puede ser un bien para tu poesía. Hay épocas que son de "condensación" en las que uno está mudo, pero atento, vigilante, no dejando de aprender de las posibilidades de la vida. Tú misma lo intuyes al decir: "no escribo... porque estoy digiriendo todo esto". Valéry estuvo veinte años sin escribir poesía y al cabo de ese tiempo dio sus mejores frutos ("El cementerio marino", entre otros). Si la poesía obedece, como todo arte, a razones de necesidad -necesidad del poeta que la escribe, y del poema, que si no es necesario no es nada-, no se puede forzar su creación y hemos de confiar en la espera y que ésta no sea demasiado larga. Antes o después, tú volverás a escribir, Noelia, porque lo llevas en la sangre. Y entonces te sorprenderá ver que vuelves al verso como si no lo hubieras dejado nunca, pero con la extraordinaria ventaja de hacerlo desde nuevas cotas y planteamientos que no hubieras podido imaginar antes. Y es que hay una "alumbramiento" interior más poderoso que toda mudez. Cree en él y espera el milagro.



20 JULIO 2014

Tu última carta -porque estoy contigo: nosotros no escribimos e-mails sino "cartas" auténticas y verdaderas- me gustó mucho con su frescura y su espontaneidad. Comparto en buena medida tus reflexiones sobre la escritura: también para mí escribir es acercar la lupa a instantes de mi vida que a veces preferiría, por dolorosos, evitar. Por supuesto que luego cae sobre nuestro "corazón al desnudo" (Baudelaire) todo el artificio del arte de la palabra, pues la verdad en bruto no es nada, una sinceridad suicida que a pocos interesaría. El maquillaje poético es inevitable y hasta necesario para que la experiencia de vida ascienda a experiencia de arte, pero uno sabe que por debajo de todos esos afeites estuvo nuestra vida desangrándose de verdad. (Y no quiero ponerme patético, y menos en carta a una amiga como tú, joven y entusiasta.) 

Si yo he escrito tan poco en mi vida, no te quepa duda de que ha sido, no porque no tuviera nada que decir, sino por el dolor que me produce enfrentarme a mi vida, pues veo en cada palabra un espejo. Tú sabes que hay poetas que contrariamente usan de la palabra, como si fuera un ensalmo, para exorcizar sus demonios. Yo no puedo, y por lo que veo tú tampoco. Nuestra careta, para bien o para mal, es nuestro propio rostro.



28 MAYO 2015

Entre tanto, haces bien refugiándote en la poesía. Es lo único seguro que uno tiene. Fuera de eso, terreno resbaladizo, la nueva selva, la desolación de asfalto. Quizás exagero un poco, pero no demasiado. Es un retrato bastante fiel de la vida cotidiana en nuestras ciudades. Lácrima. (…)
La idea de los poetas vivos traduciendo a otros poetas vivos es magnífica, y nos lleva, quizás sin quererlo, al centro mismo de la poesía, puesto que, en cierto sentido, toda poesía es traducción, ¿no estás de acuerdo?



12 JUNIO 2015

¿Te acuerdas de estos versos? “Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!” La poesía sin duda es un extraordinario consuelo –la mejor poesía siempre lo es–, pero antes está la vida que hay que afrontar día a día, paso a paso, la vida previa a todo, tan difícil, con un dolor que no hay poesía ni música que lo dulcifique. Eso es lo duro, querida Noe.






domingo, 6 de septiembre de 2015

EL SABOR DE LOS CHULETONES



Anoche vi MATRIX con L y L. Nunca la habían visto. 

Qué rápido pasa el tiempo... Ya tiene más de quince años la película, y recuerdo perfectamente el día en que fui a verla al cine con unos cuantos amigos.  Y sigue siendo "moderna", me dijo L. Claro: como lo son los clásicos, como lo es Platón, le dije. Luego le expliqué la teoría de las ideas y esas cosas que explican mejor los filósofos.

Y luego L me preguntó: ¿y tú qué harías? ¿Pastilla roja?

Difícil. 

¿Y si nos dieran de verdad a elegir? ¿Y si pudiéramos decidir vivir fuera de la inopia, salir de la caverna, ver de qué estamos hechos, qué somos y quién nos maneja? La respuesta parece fácil: ¡salir, salir! No lo tengo tan claro. Muchos dirían que sí, que mejor morir de pie que vivir arrodillado, que no mola ser manejado..., y todas esas cosas que decimos con la boca bien llena y nos hacen pensar "qué sabios somos, qué superiores". Pero piénsenlo. Visualicen la balanza. 



A diario lo veo. No está tan claro*.

Si tantos lo prefieren, si esa estulticia e ignorancia te beneficia, quizá Matrix no esté tan mal para vivir. Allí al menos los chuletones saben a carne.


*Por lo que hablábamos hoy, JM, bajo la lluvia. CT.