Pero
al mismo tiempo podemos, amor mío, pasear esta tarde
por
Roma, podemos
apaciguar
nuestros ojos en sus calles, en sus fachadas
en
la alegría que aún no ha sido destruida.
JMA
No
hay en la tierra nada comparable a esto. El alma se conmueve y se eleva;
una tranquila felicidad la invade por completo. Pero me parece que para
estar a la altura de estas sensaciones hay que amar y conocer Roma desde hace
mucho tiempo. Un joven que no ha conocido nunca la desgracia no las comprenderá
nunca.
