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miércoles, 2 de diciembre de 2015

ADALBER SALAS HERNÁNDEZ


Adalber Salas Hernández ganaba hace unos meses el XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita por su "Salvoconducto" (Pre-Textos, 2015). Varios días antes había contactado yo con él para pedirle colaboración, un poema o dos, si quería. Y a partir de la historia es conocida: publicó en el Número TRES de La Galla Ciencia dos poemas que no dejaron indiferentes (y si no, que le pregunten a Soren Peñalver, que lo adora desde entonces). Y no es para menos.

En nuestras conversaciones sobre poesía -unas por trabajo, otras porque en las cartas al final surgen estas cosas que nos apasionan- íbamos hablando de autores, de libros..., y de repente, un día, como cosa del Destino, la casualidad (términos aparentemente contrarios, sí, pero tan relacionados).

Adalber me decía lo siguiente, tras declararse también un ferviente lector de Álvarez:

Se da entre nosotros una casualidad muy impactante, querida: el amigo de José María Álvarez que murió hace unos años se llamaba Jorge Gustavo Portella y también era amigo mío. Empezamos a tomar café juntos y conversar regularmente cuando yo estudiaba en la universidad –la UCAB, donde él era profesor. En esa universidad leyó Álvarez su poesía, y fue así cómo entré en contacto con su obra.


Una casualidad que no podía interpretarse como tal, y que nos dio pie (y qué hermoso resultó su texto) a que Adalber escribiera sobre Portella, sobre su amistad y su poesía.

En su reciente viaje a España, Adalber tuvo la generosidad de darme ese SALVOCONDUCTO que yo tanto esperaba y que he devorado en este verano de calor sureño, además de su SATURAS y su EXTRANJERO. Una delicia. Léanlo, si pueden. Es de esos poetas que atrapan, que dan hostias con las letras, que te dejan sentado en la silla un rato y pensando en lo que es realmente la poesía. Y no es peloteo..., porque ya me gustaba antes de conocerlo, que conste.

Desde aquí, mis felicitaciones a este poeta venezolano que conquista con sus versos y mi agradecimiento por todo lo que me ha aportado, quizá, sin pretenderlo. Y que siga. Altamente recomendable, ojo.

Dejo aquí dos poemas: Odisea v2.0, publicado en el Número TRES de LGC, y otro de EXTRANJERO, publicado en 2010 por bid&co. editor.



(Odisea v2.0)


Odiseo no volvió a Ítaca, como es bien sabido
por algunos. Se tardó muchos años más de lo que
nos dijeron. Tantos, que hasta los dioses se cansaron de
observarlo y perseguirlo, quedándose dormidos
finalmente, volviéndose piedras, ruinas, piezas de museo.
Cuando regresó, ya no parecía el mismo. No tenía señas
que lo identificaran, no vestía cicatrices que dieran
cuenta de su historia. Tampoco llevaba pasaporte o
cédula de identidad. Más bien parecía un muchacho turco
o un flaco chipriota con apenas algunas canas,
la piel tostada de tanto andar bajo el sol.
Alcanzó la playa luego de que su barco naufragara.
Iba disfrazado de sí mismo, como siempre supo que lo haría.
Pero no halló su palacio, ni pretendientes, ni penélopes hacendosas y
oscuras, ni telémacos barbicortos. Solamente un pueblo
de pocas calles, oprimido por el sol del Mediterráneo.
Nadie lo reconoció, ni él reconoció a nadie. Los perros ladraban
a su paso, le regalaban la lengua descoyuntada de la historia.
Así que decidió navegar hasta el continente. Allí
lo metieron preso por no llevar documentos
y por expresarse en un lenguaje que nadie comprendía, que
sonaba a viejos huesos que se quiebran. Trató de explicar
a los oficiales de policía que viajar
es perder lenguas, no ganarlas, pero fue en vano.
Lo llevaron a un campo para refugiados en Corintio.
No pudo contarle su historia a nadie, no pudo narrar a los otros
presos las historias de sus hazañas: por primera vez estaba desnudo.
Con su conocida maña, logró escapar a los pocos meses, esta vez sin tener
que cegar a nadie. Tras muchas aventuras sin dioses, terminó
en Atenas, donde se dedicó a vivir de limosnas y pequeños robos. El hambre
lo había quebrado, alucinaba ángeles desnudos como el vidrio
o como el agua, ciegos como relojes.
No alcanzó la vejez. Dicen que murió sin decir palabra, pero no
se sabe bien cómo. Algunos creen que fue la falta de alimento. Otros,
que fue asesinado en una disputa entre mendigos. E incluso hay
quienes aseguran que murió, como tantos otros extranjeros,
en los recientes disturbios populares.





no quiero cruzar la próxima esquina

sé que ahí
                a unos pasos
en una espera sin tiempo
me aguarda eso que es más mío
en lugares como éste
                           que no tocan las palabras

esa luz dura
esa nitidez imposible
               que nos salva de lo turbio
                           y nos fulmina



*Para leer el texto sobre Portella, pinchad aquí.


jueves, 8 de octubre de 2015

Algunos apuntes sobre poesía (Alejandro Duque Amusco).




Lo importante no es quien lo dice, sino lo que dice. Pero en este caso, la boca es de mi querido Alejandro, que tanto me enseña.

Él lo diría mejor:

Quien escribe es solo un depositario provisional de lo que escribió; el propietario, de verdad, es siempre el lector, destino final de toda escritura. 

Unas cuantas ideas que creo interesantes para reflexionar acerca de la creación poética. Gracias, Alejandro.



7 JULIO 2014

Esto es, querida Noelia, todo cuanto puedo decirte después de haberme leído las dos colecciones que me mandaste. Recuerda (a mí no se me olvida nunca) lo que decía Cernuda sobre aconsejar a los jóvenes: el poeta mayor ya tiene bastante con reconocer sus propios errores, y ha de dejar que el joven -esto lo añado yo- descubra y vaya recorriendo su propio camino. La pasión que pones en tu obra te llevará muy lejos. (…)

Me decías en tu carta que ahora llevabas un tiempo sin escribir. Es duro, pero puede ser un bien para tu poesía. Hay épocas que son de "condensación" en las que uno está mudo, pero atento, vigilante, no dejando de aprender de las posibilidades de la vida. Tú misma lo intuyes al decir: "no escribo... porque estoy digiriendo todo esto". Valéry estuvo veinte años sin escribir poesía y al cabo de ese tiempo dio sus mejores frutos ("El cementerio marino", entre otros). Si la poesía obedece, como todo arte, a razones de necesidad -necesidad del poeta que la escribe, y del poema, que si no es necesario no es nada-, no se puede forzar su creación y hemos de confiar en la espera y que ésta no sea demasiado larga. Antes o después, tú volverás a escribir, Noelia, porque lo llevas en la sangre. Y entonces te sorprenderá ver que vuelves al verso como si no lo hubieras dejado nunca, pero con la extraordinaria ventaja de hacerlo desde nuevas cotas y planteamientos que no hubieras podido imaginar antes. Y es que hay una "alumbramiento" interior más poderoso que toda mudez. Cree en él y espera el milagro.



20 JULIO 2014

Tu última carta -porque estoy contigo: nosotros no escribimos e-mails sino "cartas" auténticas y verdaderas- me gustó mucho con su frescura y su espontaneidad. Comparto en buena medida tus reflexiones sobre la escritura: también para mí escribir es acercar la lupa a instantes de mi vida que a veces preferiría, por dolorosos, evitar. Por supuesto que luego cae sobre nuestro "corazón al desnudo" (Baudelaire) todo el artificio del arte de la palabra, pues la verdad en bruto no es nada, una sinceridad suicida que a pocos interesaría. El maquillaje poético es inevitable y hasta necesario para que la experiencia de vida ascienda a experiencia de arte, pero uno sabe que por debajo de todos esos afeites estuvo nuestra vida desangrándose de verdad. (Y no quiero ponerme patético, y menos en carta a una amiga como tú, joven y entusiasta.) 

Si yo he escrito tan poco en mi vida, no te quepa duda de que ha sido, no porque no tuviera nada que decir, sino por el dolor que me produce enfrentarme a mi vida, pues veo en cada palabra un espejo. Tú sabes que hay poetas que contrariamente usan de la palabra, como si fuera un ensalmo, para exorcizar sus demonios. Yo no puedo, y por lo que veo tú tampoco. Nuestra careta, para bien o para mal, es nuestro propio rostro.



28 MAYO 2015

Entre tanto, haces bien refugiándote en la poesía. Es lo único seguro que uno tiene. Fuera de eso, terreno resbaladizo, la nueva selva, la desolación de asfalto. Quizás exagero un poco, pero no demasiado. Es un retrato bastante fiel de la vida cotidiana en nuestras ciudades. Lácrima. (…)
La idea de los poetas vivos traduciendo a otros poetas vivos es magnífica, y nos lleva, quizás sin quererlo, al centro mismo de la poesía, puesto que, en cierto sentido, toda poesía es traducción, ¿no estás de acuerdo?



12 JUNIO 2015

¿Te acuerdas de estos versos? “Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!” La poesía sin duda es un extraordinario consuelo –la mejor poesía siempre lo es–, pero antes está la vida que hay que afrontar día a día, paso a paso, la vida previa a todo, tan difícil, con un dolor que no hay poesía ni música que lo dulcifique. Eso es lo duro, querida Noe.