domingo, 19 de febrero de 2017

UN FOTÓGRAFO CIEGO de JUAN DE DIOS GARCÍA



No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: 
el suicidio.



Así comienza Camus su ensayo EL MITO DE SÍSIFO, mito del que parte Juan de Dios con esa cita inicial a UN FOTÓGRAFO CIEGO. Las citas -siempre lo he dicho-, así como los comienzos y los finales, no pueden ser aleatorios. Y Juande eso lo mima mucho.

miércoles, 15 de febrero de 2017

DE LA NADA A TU CARNE de PEDRO ALBERTO CRUZ


DE LA NADA A TU CARNE


Esas seis palabras le han bastado a Pedro para retratarse. Seis simples palabras que son algo más que un título. Apenas dos circunstanciales convertidos en el aperitivo perfecto para sus lectores: de dónde viene y dónde está.

Pedro nos ha engañado en sus anteriores libros, conferencias y charlas, donde nos hizo creer en la importancia de lo profundo, en la búsqueda de ese más allá del cuerpo, en la soledad como único alivio. Pedro nos ha mentido, o quizá ni él mismo lo sabía: hay una necesidad de aislamiento -como hemos visto en muchos de sus poemas- pero en este libro ya vemos a qué tipo de soledad se refiere. La soledad junto a la amada de la que hablaba Tibulo, la tranquilidad de una cama junto a Ella (con mayúsculas), que es la que consuela del mundo y aísla de todo mal. Ese amor casi elegíaco donde se hace indispensable el cuerpo: no se concibe el amor sin la carne, no es posible la dicha sin la piel y los dedos y la boca y el olor.

domingo, 12 de febrero de 2017

PLIEGO DE VOLUNTADES: un poema de Óscar Navarro


PLIEGO DE VOLUNTADES*


Te suplico que me hables del mar,
me gustaría dormirme
justo el minuto antes
con el sonido en la mente de la ola encelada que se frotaba contra la orilla,
ya sabes,
la ola que hacía cantar a los guijarros fluorescentes como un instrumento africano.

Recuerda el mar,
tanta sal regalada en sus playas, que llegará a fundar salivas.
Acuérdate,
tantos granos de arena como miedos adheridos,
tantos granos de arena atrapados en los pliegues.

Acuérdate del mar,
del beso que se enroscaba entre ola y ola y que te robé o me robaste,
no recuerdo:
las dunas fueron los testigos,
las dunas y el viento impertinentes.

Acuérdate del mar, no le traiciones,
cuando hables de él hazlo con respeto,
imagínalo como un héroe y que sea tu modelo:
tanta fuerza, tanta rebeldía
y sin embargo el mar es tan solo
el que está conforme.




Óscar Navarro

*Publicado en el Número 17 del fanzine MANIFIESTO AZUL



viernes, 27 de enero de 2017

"Lo que se denomina pecado es un elemento esencial del progreso"




En un momento dado de la conversación entre Ernest y Gilbert en EL CRÍTICO COMO ARTISTA de Oscar Wilde, Gilbert dice lo siguiente:


Si viviéramos lo suficiente para ver las consecuencias de nuestras actuaciones, podría suceder que los que se llaman buenos se vieran afligidos por un pesado remordimiento, y que los tachados de malos por el mundo gozarían de una noble alegría. Cada pequeña cosa que hacemos pasa después a la gran máquina de la vida que puede moler nuestras virtudes en inútil polvo o transformar nuestros pecados en elementos de una nueva civilización más maravillosa que ninguna de las precedentes.

Pero los hombres son esclavos de las palabras. Se alzan iracundos contra el materialismo, como ellos lo llaman, olvidando que no ha habido progreso material que no haya espiritualizado al mundo, y que ha habido muy pocos, si los hubo, despertares espirituales que no hayan malgastado las facultades del mundo en estériles esperanzas en aspiraciones infecundas y en creencias vacías y entorpecedoras. Lo que se denomina pecado es un elemento esencial del progreso. Sin él, el mundo se estancaría, perdería la juventud y el colorido. Con su curiosidad, el pecado aumenta la experiencia de la raza. Al intensificar el individualismo nos salva de la monotonía del "tipo". Su repulsa de las nociones corrientes sobre la moralidad le hace poseer la más elevada moral.



¿Es el pecado el origen del progreso? ¿Nos acerca al avance de la raza más de lo que creemos? ¿Sin el pecado hay ese estancamiento del que habla Gilbert? Una pregunta que llevo haciéndome días y de la que no tengo clara la respuesta. 

Pero mientras tanto, pequemos, por si acaso...




miércoles, 18 de enero de 2017

¿Y si no te encuentro?




Mi querida amiga Natasa Lambrou me regala este poema de VERBOS POR DENTELLADAS (RavensWood Books, 2016) traducido al griego moderno. Y yo no puedo más que agradecérselo.






miércoles, 11 de enero de 2017

LA ADHESIÓN ES LA RESPUESTA




A DJR, que como yo mira los libros crecer.



Es sabido que uno aprovecha esos días de Navidad (a veces, casi siempre, la odio) para echar mano de los libros que no ha podido leer en los últimos meses. Ya identificas la escena, seguro: la mesa que tienes por el salón, o esa estantería vacía que parece creada para acumular tus librosqueleerenbreve. Cada semana -si hay suerte- un par de poemarios más. El que JB ha comprado en una librería de viejo, el que te ha mandado un amigo con cariño, o ese que viste en tal feria y compraste para leer pronto.

Como cada período de vacaciones, los poemarios te miran con pena. Pasas a su lado y parecen decirte lo que deben decir esos perros que venden en tiendas de animales: cógeme a mí. Siempre cuesta elegir con cuál empiezas (porque de verdad: quieres leerlos todos). Y siempre habrá uno que te llamará más que otro: siempre habrá un perrito que te mirará con unos ojos especiales, o que llevará tal mancha que -piensas- la ha puesto el destino ahí para ti.

Debo reconocer que VENTAJAS DE ESTAR EN LA RUINA me ha llamado más veces que otros, sobre todo por esa dedicatoria de mi querido Emilio Losada en la cubierta, a mano, terriblemente cariñosa. Esa mancha del perrito con ojillos más tiernos. Y es por ello que no tardé en devorarlo nada más cogerlo de ese montón de libros que esperan -todavía queda un puñado- unas manos hambrientas.

Sabiamente escogidos cada uno de sus títulos, me quedo con este poema de Emilio Losada que bien me lleva a esas noches de escrutinio vital, a esas cajas, a esas bolsas viejas que contienen -si acaso- nuestro mejor yo.


DIÓGENES DE INVIERNO

En el suelo
ante otra mudanza inminente,
un escrutinio.

La sonrisa de un prometedor valor adolescente
reluce en recortes de prensa regional,
garabatos tridimensionales en los márgenes de libretas Guerrero
ratifican el tedio de la atropellada aula socialista,
bombones de almanaque de taller
     -era otra estética:
     flequillos rasando párpados,
     una sutil pincelada de carmín, acaso;
     tejanos elásticos de pitillo, si los llevan puestos...-
aún se muestran apológicas del soliloquio ecuménico,
versos de insegura caligrafía
estampados en servilletas condimentadas
con mantequilla, café y aguardiente
siguen desmereciendo la indulgencia del tiempo.

Y poco más: arrumacos y saliva compartida
con amigas con derecho a lengua
en instantáneas de amarillo-nicotina,
un tropel de ceniceros que parecen toser mis ausencias
y algún que otro cachivache inaudito
que sin duda almacené porque debió significar
algo entrañable en su momento,
pero que ahora no logro ubicar en el memorando
de mi infame cronología.

Una vez más inspecciono,
huelo y palpo esos objetos prescindibles
antes de pasar a comprimirlos
en cajas de cartón por si algún día
de un futuro incierto
     -bajo otra atmósfera,
     en otra ciudad,
     en el doble fondo de otro armario-
su acopio conforma la génesis
de un pasado no renunciable
y vivo.

Amor propio,
al fin y al cabo.




sábado, 7 de enero de 2017

PASOS EN EL CORREDOR de WOLFE





PASOS EN EL CORREDOR 
de Roger Wolfe 
(RavensWood Books, 2016).

Una de esas lecturas que te acompañan en las tardes de invierno, junto a la chimenea, cuando desearías que todos los días fueran hoy, mientras suena una viola en el piso de arriba y los perros descansan ajenos al horror del mundo.



Gracias, Lobo.




PACTO DE SANGRE

Prométeme -no; es mejor
que me lo jures, y con sangre
sellemos este pacto- 
que cuando cumpla los sesenta inviernos
me matarás con dulce filtro mientras duermo.
Y sostendrás entre tus brazos mi cabeza
bañándola con lágrimas, hasta que rasgue
el alba el telón del firmamento
y el desierto apague las últimas estrellas
y despeje el vaho del cristal del cielo.
Morir en este oasis tuyo y mío quiero
a manos tuyas, tirana de todas mis ternuras,
despojado ya de todo peso, enajenado
en el sueño eterno de mi vasallaje.