DE LA NADA A TU CARNE
Esas seis palabras le han bastado
a Pedro para retratarse. Seis simples palabras que son algo más que un título.
Apenas dos circunstanciales convertidos en el aperitivo perfecto para sus
lectores: de dónde viene y dónde está.
Pedro nos ha engañado en sus
anteriores libros, conferencias y charlas, donde nos hizo creer en la
importancia de lo profundo, en la búsqueda de ese más allá del cuerpo, en la
soledad como único alivio. Pedro nos ha mentido, o quizá ni él mismo lo sabía:
hay una necesidad de aislamiento -como hemos visto en muchos de sus poemas-
pero en este libro ya vemos a qué tipo de soledad se refiere. La soledad junto
a la amada de la que hablaba Tibulo, la tranquilidad de una cama junto a Ella
(con mayúsculas), que es la que consuela del mundo y aísla de todo mal. Ese
amor casi elegíaco donde se hace indispensable el cuerpo: no se concibe el amor
sin la carne, no es posible la dicha sin la piel y los dedos y la boca y el
olor.
