viernes, 29 de abril de 2016

"Y entonces pensé en usted, Kavafis"


XXXVII

VEN AQUÍ, DIOSA CIPRIA, Y EN DORADAS
COPAS ESCANCIA DELICADAMENTE
NÉCTAR ENTREMEZCLADO DE ALEGRÍAS.

Eso canta Safo en la hermosa traducción de Aurora Luque.



Era una tarde de calor espeso.
Estaba yo bebiendo en paz en el S. Andrea
cuando en la escalinata que conduce al Duomo
vi sentados a un chico y una chica.
Qué resplandor de juventud.
Una belleza más allá de la belleza. Se
besaban.

miércoles, 20 de abril de 2016

LA LOLITA DE NABOKOV EN EL CINE


LOLITA






Lolita, luz de mi vida, 
fuego de mis entrañas. 
Pecado mío, alma mía. 
Lo-li-ta: 
la punta de la lengua emprende 
un viaje de tres pasos paladar abajo 
hasta apoyarse, en el tercero, 
en el borde de los dientes. 
Lo. Li. Ta.




sábado, 16 de abril de 2016

VERBOS POR DENTELLADAS



Para los que no podéis estar en La Montaña Mágica de Cartagena hoy, un poco de lo que leeré de "Verbos por dentelladas" (Ravenswood Books, 2016).

Día de sentimientos encontrados, pero ¡vamos!




ESTADO DE GRACIA


Las mentiras más crueles son dichas en silencio.
Stevenson


Te sientas y abres una botella.
Hoy prefieres un tinto,
negro como la sangre de Héctor.
Te empapa mientras oyes algo de música.
La ventana está abierta. Es suficiente –piensas.
Alzas la copa y brindas por un verso,
uno que no recuerdas, pero
ese
que te hizo sentir que algo queda,
que algo merece aún la pena.
Notas esa embriaguez bajar hasta tu vientre,
muy cerca del pubis.
Todo está bien.
Te miras dichoso –por un instante– al espejo,
en paz, en comunión contigo mismo,
con la certeza de que te reconciliarás
con el mundo muy pronto.

O tal vez no.



DESCONCIERTO


Hombre astuto
que erró mucho tiempo…
Homero



Reconozco a veces mi vida en algunos sitios.
El café, un cigarro, una terraza agradable.
Las Mezquitas me tuvieron dentro,
me perdí en las calles del Bazar.
En Nueva York tengo ropa en la tintorería,
veo caras conocidas en el barrio de Termini,
tratos familiares en Alexander Platz.
A veces, perfecta realidad. Otras, abismo.

Otras veces, sólo soy real en Cartagena.

Y esa sensación me asfixia.




miércoles, 6 de abril de 2016

AUNQUE NO NOS GUSTE


Es curioso cómo la música nos transporta al pasado. No sólo cómo nos recuerda a esta o aquella persona, sino cómo realmente nos lleva meses, años atrás con sólo dos acordes.

Esto lo he pensado (claro, como todos) mil veces, pero ha sido hoy cuando de repente he empezado a hacer un elenco rápido en la cabeza de esas canciones que actúan como máquinas del tiempo. No son canciones especialmente importantes para uno, ojo: no es la SIRENA VARADA o SPACE ODDITY. No son ni siquiera tus cantantes favoritos, ni siquiera el estilo que prefieres.

Andaba yo haciendo faena por casa, lidiando con mis perrillos, al son de un viejo aparato de JB (que uso sobre todo porque me recuerda a él; ya ven: soy una romántica) y ha sonado ESA canción. Una canción que sé que a PC, cuando la oye, la lleva al mismo sitio: al año 95, quizá, o como mucho inicios del 96. La canción es Ironic, de Alanis Morissette, y estábamos sentadas las dos en las escaleras del centro juvenil; comenzó a sonar como un eco lejano, ¡pero bien la distinguimos! Corrimos al encuentro de la música; todavía nos recuerdo emocionadas porque sonaba aquellos y nos llamaba con urgencia. Era una época feliz, de adolescentes locos que fumaban a escondidas Fortuna y jugaban a quitarse novios (o a compartirlos, ¿no, PC?). Es esa canción y no otra la que me lleva a esos meses de encuentros con los amigos, a cervezas que me repugnaban, a notitas de amor, a jugar a ser mayores quedando aún mucho.

Agila. Verano del 96. Pensaba que había descubierto la pólvora. Ella llevaba unas botas verdes muy modernas, era delgada, pero tenía una boca asombrosa. Era un poco punk, pero sólo tengo recuerdos difusos. Esa tarde no: esa tarde, ese momento, lo tengo nítido. Me puso aquello en su casa, vestida de vaqueros viejos y una chaqueta de una talla bastante más grande: Buscando una luna. Y vuelvo cada vez que la oigo a aquella tarde, a esa muchacha que nos parecía tan moderna con sus botas verdes y sus brazos escondidos tras la tela. ¿Qué habrá sido de ella?

O Zombi, que me trae a Burbuja increíblemente pequeña, con apenas tres años, cantando como una loca la canción sin entender ni una palabra. Tenía siempre la cara manchada y solía salir con el culo al aire a la calle, pero esa tarde estaba sentada frente a mí, y cantaba con los 40 Principales aquel tema de Dolores. O cuando en 2008 sonaba a todas horas El secreto de las tortugas, y a mí no me decía nada aquella canción, pero íbamos Cactus y yo locas hacia la playa a cenar en la puesta de sol. Llevábamos ensalada y algo de fruta, y el sol era rojo como los atardeceres de verano en el Mar Menor, y éramos libres, y ella llevaba una camiseta azul. Justo ese momento viene a mí como el más reciente de todos cuando oigo esa canción.


Dicen que la música amansa a las fieras, pero -como los olores- es capaz de llevarnos a esos lugares y tiempos que creíamos haber olvidado. No son canciones que te hacen vibrar, que pondrías en bucle una y otra y otra vez en tu viejo Córdoba cuando sales del trabajo, ni la incluyes en una recopilación para viajar por Turquía. Pero sí: tienen esa curiosa capacidad del retrospected que a veces nos sorprende y nos recuerda que somos lo que somos también por lo que hemos oído.  

Sigamos siempre creando recuerdos a través de la música.*






*Aunque no nos guste Sabina.