viernes, 29 de enero de 2016

La aflicción de ser hombre




Primero, El último gancho de Kid Fracaso una noche de Madrid. Luego, Como pasa el aire sobre el lomo de una bestia y otras cosas que con cariño recibí en el correo.

Y entonces, un día cualquiera de 2016, J me sorprende con esto -siempre lo hace-, que llega muy bien envuelto desde Canarias.

Arqueología, me dice Pedro.

Pero ya saben: siempre me han fascinado las cosas viejas.






La culpa


Yo quemé la biblioteca de Alejandría
y toqué la lira hipnotizado
por las llamaradas de Roma.
Yo confundí a Ptolomeo
y vendí aquel veneno
a Julieta Capuleto.
Yo iba arrancando la hierba
allí donde pisaba el caballo de Atila
y robé el oro a los moribundos
de la matanza de Otumba.
Fui yo quien obligó a Orfeo
a mirar atrás
y yo pagué a Charlotte Corday
la sangre de Marat.
Yo surgí una noche
de la mente penumbrosa
del rey del suspense
para asfixiar a la dulce Grace.
O todo ello me parece que hice
cuando me apresto a cruzar el siglo
y me asalta esta honda, sincera
aflicción de ser
hombre.


                                          Pedro Flores
                               EL OCIO FÉRTIL





martes, 19 de enero de 2016

Un poema inédito de Marina Aoiz



XIV


También ella ama al pájaro de las sospechas.
Su voluptuosidad tinta los arroyos y las fuentes.
Nacida de una herida, no fue la sangre su vehículo.
Cuando desaparece el mundo bajo su túnica
y entre sus piernas naufragan las naves,
la mañana se llena de nubes incendiadas.



Marina Aoiz



lunes, 11 de enero de 2016

There's a starman waiting in the sky


Me ha llamado Cactus a las 8.00 h: Ha muerto Bowie. Te llamaba para que no te enteraras por Facebook.

Y desde entonces, el teléfono no ha dejado de sonar. Que si el wasap, que si mensajes de Facebook, que si llamadas.

Chicos, ha muerto Bowie. No saben quién es. Conocen sus canciones (ésta me suena, sí), pero para ellos no ha muerto nadie. Me pregunto si, cuando Elvis, los jóvenes reaccionaron así. No lo creo. No hagas un drama, me dice algún compañero. No, no es un drama: es la sensación de sentirse algo más solo. Que se va otro más. Y te da por pensar, claro. Veremos morir a Bill Murray, por ejemplo, como ya pasó con Lou aquella madrugada.

Llamo a Pablo; está como yo. Hablo con Alberto, jodidísimo. Caro, Eli, Sam, Patricia, Teresa (como una viuda enamorada), Vero. Y Joaquín. Se acuerda de muchas cosas, como todos nosotros. Porque eran sus canciones como rayos de luz, joder. Poderosos rayos de luz que te llevaban a no sabes muy bien dónde.

Al otoño del 85, cuando papá me lo ponía mientras me ataba las cordoneras y me decía que no anduviera descalza. O el coche con las ventanillas abiertas camino a la playa con el Rebel, rebel de Caro. Creías que estabas en el espacio de verdad con aquel tema, que podías flotar, ¿a que sí? ¿A quién lo le remueve Ashes to ashes? O Laura y Lucía camino de Albacete gritando Under pressure y diciéndonos ¡ponla otra vez, ponla otra vez! Y yo insistía en que la versión con Annie Lennox les gustaría, la complicidad entre ellos, su traje verde de perfecto caballero. China girl, que le encantaba a Vero y siempre me recuerda a ella.

Su pelo, sus ojos, sus cambios –constante evolución-, su ropa que me fascinaba de cría. Aquel primer novio y el The man who sold the world, sin la botella de anís, pero que tocaba tanto, que nos hacía sentir especiales. Abssolute beginners, Samu, ¿cuántas veces la escuchamos, a ella y la versión de Bunbury? ¿Quién no se enamoró de Jareth, el rey de los Goblins? No tienes poder sobre mí, repetías. ¿A quién no sedujo en El ansia, con ese aire del siglo pasado, chupador de sangre, depredador, pero tan elegante?

Starman que ya es Paco. Ya no hay nada que sea más Paco que esa canción.

En fin. La banda sonora de una vida.

Se ha ido como lo hacen los caballeros. 

Gracias, Bowie, por todo.




PD: Que sí, que los músicos no mueren, que nos quedan sus canciones. Palabrería, al final. Los que le amamos, no podemos dejar de sentirnos terriblemente solos.



https://www.youtube.com/watch?v=o3lYH9iMca8




sábado, 9 de enero de 2016

De LA ESCLAVA INSTRUIDA



Hace unos días me acordé mucho de ti. Porque estuve cenando con unos amigos y salió un tema sobre el que hemos conversado a veces: esa exaltación que el hombre puede sentir en batallas, en aquellas antiguas cargas a caballo, o hasta hoy, en cualquier situación en que la vida le haga sentir que está participando en algo acaso inolvidable. ¿Sabes? Me di cuenta de que lo que ya es difícilmente concebible es precisamente esa emoción. Supongo que nuestro tiempo la ha substituido por otras, “sin”, ruines.

Hay miedo, aturde lo que por excepcional, diferencia. No es raro en un rebaño cada día más dócil, más sutilmente amaestrado. Al fin y al cabo de esa mansedumbre viven los indeseables. Pero que tres amigos, a quienes yo consideraba muy ajenos a ese deplorable sometimiento, expresaran ideas tan baratas me preocupó (…) Que una civilización execrable y moribunda cuente entre los achaques de su cobardía, el menosprecio por lo que un hombre puede sentir en una situación de esas que cierto filme fijaba diciendo: “Abra usted bien los ojos, porque se seguirá hablando de este día mucho después de que usted y yo y nuestros hijos y los hijos de nuestro hijos hayan muerto. ¿Y quiere que le diga algo? Me emociona vivir ese día”, y que esa vileza hubiese alcanzado a unos amigos (de los que tenías sobradas pruebas de inteligencia), aparte de disminuir el gozo de aquella sobremesa ante un magnífico Oporto –esa suntuosa joya del silencio como decía Luján (cuánto te gustaba esa frase)-, me llevó a sombrías reflexiones sobre el estrechamiento del cerco por parte de los cretinos. Si hubieras estado presente –tienes menos paciencia que yo-, hubieras acabado la conversación con uno de tus “Esto es aburrido, que es lo peor que algo puede ser”.  Traté al principio de razonar, pero vi que era inútil (…)



Me despedí con tristeza. Te eché mucho de menos. Cogí el coche y me fui a la playa. Desayuné contemplando la belleza de las aguas. Recordé algo que tú me habías dicho: “Es el mismo problema que el arte o el amor y, si me apuras, que la elección de un vestido, o tú de una corbata: se trata de sentir en la piel lo que nos hace memorables”. 

Sí, era lo mismo que alguien dijo en el alcázar del Victory en el corazón de una batalla: “Esto es el Infierno, caballeros. Pero por nada del mundo quisiera estar ahora en otro sitio”. Pues esa sensación que tú decías, en la piel, ese mismo roce del viento de la vida, es lo que yo sentía cuando estábamos juntos en la cama. Pero no sólo en la cama: la sentía cuando te miraba moverte, vivir, reír. La sensación de estar vivo, de que todo cuanto soy se estremecía en ese vértigo de amor y placer.


José María Álvarez



























sábado, 2 de enero de 2016

La mejor traición poética...


...es colar buenos libros en los coches ajenos



F es un traidor.
F siempre está a la altura en estas cosas.
Traidor pero de fiar.
Y parece que sabe lo que me gusta: F acierta cuando me recomienda algo, o cuando me trae a casa estas cosas que desconocía. 



Carmen Jodra Davó es absolutamente genial -especialmente esas MORAS AGRACES, que manchan y sólo salta la marca que deja con otra mora. Y como las moras, cada poema exige otro, y eso es lo genial de Jodra. 

Lúcida, clásica sin ser pedante, con la gravedad justa, elegíaca pero irónica y casi conversacional. Y yo sin enterarme... (Hyde, te los dejaré).


Si no la conocen, ya saben (abajo una pequeña muestra). La recomiendo traicioneramente y, si pudiera, haría como F: meterla en los maleteros de mis amigos. 

¡Gracias!





Delirium Tremens

Me ha sido revelada mi misión.
Debo hacer desaparecer a la raza humana.
Mataré a los más tontos que yo por hacer mi vida mezquina y ruin,
y a los más listos que yo por ser más listos que yo.
Si sólo matara a los listos, mis cuchillos iban a quedar nuevos, y no sería divertido.
Si sólo matara a los tontos, quedarían los más listos, y tampoco sería divertido.
Así que sólo quedarán en el mundo diez personas iguales física y mentalmente a mí,
y la raza humana se acabará porque todos seremos homosexuales.
¡Qué hermosos fin del mundo!


(De LAS MORAS AGRACES, Hiperión, 1999)



Divertimento erótico

Un gemido doliente entre la alheña,
un rítmico suspiro en el helecho,
musgo y pluma por sábana del lecho,
por dosel hoja, por almohada peña,

y la lujuria tiene como seña
violar mujeres y violar derecho
y ley y norma, y un hermoso pecho
sabe el pecado y el pecado enseña.

Trasciende de la fonda un olor suave
a sagrados ungüentos, y una queda
música, contenida y cadenciosa,

y el blanco cuerpo de la bella ave
y el blanco cuerpo de la bella Leda,
bajo el peso del cisne temblorosa.



(De LAS MORAS AGRACES, Hiperión, 1999)




Poema Bukowski*


Por lo que yo sé
no hay nadie que sufra de la desorientación
que yo sufro
y no fumo ni bebo ni tomo drogas
en mi angustiosa desorientación
y si a veces no voy a clase
me quedo en casa en cama
buena cama
not my fault
no es tan grave para lo que podría ser.

                                         *No 


                      (De RINCONES SUCIOS, La Bella Varsovia, 2011)