El Poeta.
Sin más.
"¿Quién es más «yo»? ¿El condenado a la
fascinación de las mujeres? ¿El que mira extasiado Las Meninas o Venezia? ¿El
que tiembla ante la belleza de la música de Mozart? ¿El que siente un
misterioso placer al sentirse destruyéndose? ¿El Álvarez de París o el de Villa
Gracia? ¿El que en cierta madrugada de esa Villa Gracia tocó el fondo del
horror? ¿El que hoy se pudre aborreciendo su memoria? ¿El niño cuyos ojos se
abrasaban ante las hazañas de John Silver o del Capitán Nemo? ¿El hombre que ha
visto el suicidio de tantas de sus noches en las páginas de Museo de Cera? ¿El
que habría dado toda su vida por escribir aunque fuese parte de Macbeth? ¿El
imbécil que ha creído cumplir un destino? ¿El que se droga con la
insensibilidad?
Hay uno al que siento cerca: aquel niño
que leía boca abajo en su cama las resplandecientes aventuras de Nemo y de Ahab
y que hoy, ya por fin un zombi, pero aún con una especie de grieta en el alma
abierta a la Poesía, se conmueve con ciertos versos.
Pero hay otro. Otro por el que siento una
vidriosa mixtura de amor y comprensión, y de respeto: este que hoy tiene en una
mano su revólver y en la otra este pedazo de carne caliente, y que sabe que da
igual volarse la cabeza o apretar ese pedazo de carne con su mano y moverla
hasta sentir un latigazo en las tripas de placer y de desesperación."
De Los
decorados del olvido.
Sosegada
mansión de la grandeza
Diego de Torres y Villarroel
¿Será
que de este sueño se recuerde?
Epístola moral a Fabio
Todo
pasa y lo que ven tus ojos despiertos es como sueños
Mutanabbi
Gracias quiero dar al sagrado
Azar, o al Libro donde todo estaba escrito,
Que forman este singular Universo,
Por la razón, que no cesará de soñar,
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
Por el amor que nos deja ver a ciertos seres
Cono si fueran dioses,
Por Monteverdi y la esmeralda de Góngora,
Por el París de mi juventud,
Por las amargas monedas de Villon,
Por Shakespeare
que acaso fijó el Universo,
Por el fulgor del fuego
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
Por la caoba, el vino y las rosas,
Por la sensibilidad de mi cuerpo,
Por la palabra divina de Juan de la Cruz,
Por ciertas vísperas y días de 1975,
Por los caballeros que junto a Lee
Dieron gloria a una fecha ante Richmond,
Por los días y noches de Istambul,
Por el arte de la amistad,
Por los últimos días de Hölderlin,
Por Montaigne, por Quevedo, por los cuadros de Velázquez,
Por aquel sueño oriental que soñó
Mil noches y una noche
Y por aquel otro sueño helado de Baudelaire,
Por las palabras de Tácito y Suetonio,
Por los films de Renoir, de Ford, de Walsh, de Greta Garbo,
Por Mozart,
Que hablaba con los ángeles en las calles de Viena,
por los ríos secretos e inmemoriales
Que convergen en mí,
Por las lenguas que he hablado y las vidas que he
Vivido o que quizá esté viviendo,
Por el mar que es la más grande y libre Aventura
Y el espejo más noble de nuestros sueños,
Por el oro abolido de Kavafis,
Por Joseph Haydn, por las páginas de Lampedusa.
Por el idioma de Inglaterra y el idioma de España,
Por el destino que aún relumbra en los versos de Virgilio,
Por las estaciones del año, por Roma, por Venezia,
Por los libros y los cuadros y la música
que conozco y amo y también por los muchos que ignoro,
Por Stendhal, por Chopin, por Beethoven,
Por los ojos de alguna mujer, por la Luna,
Por la vida que antiguas minorías consagraron como Arte,
Por las rayas del tigre,
Por la Universidad de Cambridge,
Por el cielo estrellado que contempla impasible nuestra suerte,
Por Flaubert y las joyas de Li Po y de Mutanabbi,
Por los españoles que sirvieron con lealtad a Roma,
Por los fondos de cristal de Verne,
Por el honor y la gloria de Manrique,
Por los árboles, por la prosa de Stevenson, por Lester Young,
Por el olvido, que anula o modifica el pasado,
Por la costumbre
Que nos repite y nos confirma como un espejo,
Por Mizogushi, por Borges, por Melville, por Welles, por Khayyam, por Hayek,
Vastos como la alta noche, su equilibrio y su astronomía,
Por el valor que el hombre ha demostrado
En ciertas cargas a caballo, ciertas navegaciones,
Por Swuift, Tolstoi, los cuadros de Rousseau, las canciones de Billie Holiday,
Por la patria, que yo he sentido lejos de la que debiera
Ser la mía, pero también a veces en algún paisaje
Del puerto que me vio nacer,
Por Cervantes, por Hume y Johann S. Bach
Por el hecho de que la Poesía es infinita
Y se confunde con la suma de las criaturas
Y no llegará jamás al último verso
Y varía según los hombres,
Por el ejemplo de orgullo de mi abuela en su muerte,
Por la luz de la lámpara de mi cama
Donde navega la Hispaniola, muere Cleopatra, Medea mata,
Por Rembrandt, por la paz de mi sueño,
Por haber aceptado la vida y la muerte,
Por mi vida, la más misteriosa forma del tiempo.
*Al llegar a esta página, el lector imaginará
sorprendentes semejanzas con un poema de Borges. No indague vanas resonancias.
Considerando la acordanza de nuestras devociones, he preferido a los vericuetos
de la imitación la brillantez del plagio, modificando tan solo allí donde
diferían las lealtades. Son cosas que suceden, precisamente, en las mejores
familias.
De Museo
de cera, Renacimiento, 2002.