Puedo
estar satisfecho de mi vida. No tengo preocupaciones salvo las que me depara mi
trabajo y he encontrado a alguien con quien puedo hablar de amor: un joven
romano, rubio y guapo, de dieciséis años, que me saca media cabeza; pero sólo
lo veo una vez a la semana, cuando cena conmigo los domingos por la noche (…).
Nada hay que pueda compararse con Roma (…). Si deseas comprender a la
humanidad, éste es el lugar para hacerlos -mentes de increíble talento, hombres
bendecidos con los mayores dones, bellezas de gran carácter, tal como los
griegos que les han servido de modelo.
